Como solía ser de costumbre en esta ciudad, llovía, hacia viento y todo parecía aburrido. Yo me encontraba vagabunda en la calle con una chaqueta que media casi la mitad de mi estatura y no calentaba ningún centímetro de mi cuerpo. Era una noche demasiado escarchada la que me perseguía, pero era mi noche y menciono que es mía, porque a eso de las 5:00 horas de la madrugada no andaba nadie por las calles, ni un solo ratón salido de alguna alcantarilla, ni un solo borrachito tendido fuera de alguna taberna, ni un solo perro tirado en la vereda. Como si ellos fuesen más inteligentes que yo, no andan por estas horas solos en la avenida. Me sentía en confianza, como si todo alrededor me perteneciera.
Sentía frio y a la casa no quería llegar, más, mientras veía los arboles en la noche me distraían y esa era la idea de todo. Evitar pensar, recordar. Solo poder ser capaz de seguir adelante.
Estas son sensaciones únicas en la vida donde las circunstancias que te llevan a ellas son repetidas.
La noche me atendía dulce, pero si me colocaba a pensar, todo se volvería agrio y tal vez, amargo.
De una manera literal.entre mi corazón y el cerebro yace posicionado un individuo que hizo lo posible para no hacerme feliz y que aun tiene el poder para hacerme llorar, cosa que tampoco merecía.
Yo no me sentía capaz de seguir con la vida de manera normal, lloraba cada instante pasado sin darme cuenta en la posibilidad de que tal tristeza se había convertido en algo que debía suceder, para así, más adelante llegar a ti.
Pero en ese momento me preguntaba ¿Cómo era posible que una persona como yo, llena de vida, joven, sufriera como si se fuese a acabar la galaxia?.
Por suerte, ya empezaba a desvanecerse aquel amor. Me daba más pena saber que podía empezar a sentir odio por otro ser viviente. Era el daño almacenado que jamás creí capaz de sentir. El odio para mí era un campo desconocido, era la primera vez que se manifestaba desde mis entrañas. lamentable.
Improvisadamente me vi atravesando la calle y de un solo viaje, empujándome el viento, cruce la avenida sin alcanzar a ver autos y como los niños suelen hacerlo, miraba tanto a mi derecha como hacia mi izquierda, para llegar al otro lado de la calle tranquilamente.
Me vi inmersa en tanta soledad, que ni la misma se asomaba a saludar.
Lo que si pude ver y claramente, era un semáforo que casi me deja ciega, como un foco potente, de color rojo. Me quiso detener, pero no le hice caso. Lo que sí logró en mi tal señaletica, fue crear un correlato mental que me hacia trabajar el cerebro a miles de sinapsis por segundo, me encontraba llena de imágenes que nada tenían que ver con la circunstancias relatadas. Mis terminaciones nerviosas actuaban por sí solas dada obviamente su naturaleza involuntaria.
"El cerebro es algo maravilloso, misterioso que se sostiene dentro de nosotros mismos. Que nos gobierna sin aviso y tiene todo el control de nuestras vidas. Quiere prolongarse por todo nuestro sistema y hacerle el peso a nuestro corazón."
Por otro lado, al ver tanto color rojo sobre mi cabeza, me imaginé una rica ensalada de tomates maduros. Aquellas ensaladas que preparaba mi madre cuando vivía con ella y con mis padres.
Recordé un corsé rojo que había comprado la semana pasada para celebrar el primer aniversario con "el ex", peor es nada, pero que regale, ya que él quiso darle fin a toda nuestra relación un día antes de cumplir el año..Me deshice de tal compra romántica, regalándolo hasta con la boleta. Como si ese lado íntimo de mi vida hubiese terminado."
Puedes terminar un millón de relaciones, pero no puedes decirle a tu cuerpo que termine sus necesidades básicas.."
Recordé un estuche rojo que tenía en mi casa, el cual usaba como porta cosméticos y del cual unos amigos se habían reído porque decían que parecía salido del Moulan Rouge..Ay! y así tantas cosas con solo mirar un semáforo en rojo. Ese era el rojo de mi vida, me dije, por un momento se los muestro y dentro de esto, con respecto al estuche salido del Moulan Rouge, reflexione sobre ciertos estereotipos que la sociedad a si misma se impone como medida ¿De qué? O ¿Hacia qué? ¿Para quién?.Tal vez, como medio de burla o discriminación y suele suceder en la sociedad de nuestro país, como también eso de que la mujer es el sexo débil o que las tallas XXL no son sexis. Hoy en día deberían importarnos cosas con mayor significado y aprender a ser uno mismo sin hacerle caso a todo lo que se nos impone a través de los medios de comunicación, como las revistas de moda, por ejemplo.Todo tiene un límite y existen personas muy susceptibles a este tipo de cosas. Suelen creerlo todo. Por otro lado, también existen otras demasiado conformistas.
En un momento determinado ya no me sentía dueña de la noche, una brisa helada me caló hasta los huesos. Tan solo deseaba llegar a mi pieza tibia que no era mía, la arrendaba, y comer algo que la tía dueña de casa, siempre tenía algo disponible para mí. (A quién agradezco mucho su calidez humana, calidez que ya menos existe en el planeta). Todos desconfían de todos, empezando por la propia sombra. Aquí la caminata nocturna llegaría a su fin, tal vez nadie ya me esperaba en casa, o en la cama, sin embargo me hacia feliz saber que reposaría en un sitio tibio y en paz.
Me senté sobre la ventana de la habitación con la esperanza de comerme todas las galletas de avena que tenía en el velador, con varios sorbos de café. Recién la lluvia se detenía y era común después que el frío de la mañana convirtiera los caminos y las veredas en pistas de patinaje. El agua se convertía en hielo, escarchas por todos lados. Era común también en la zona , notar gente en el piso. En esta época de invierno las fuertes rachas de viento empujaban a las personas y el piso mojado ayudaba a ponerlas derechito al piso. Era peligroso e igualmente chistoso. Ni yo me he salvado de aterrizar en la vereda. Ni yo me he salvado de tener una caída..tantas caídas!! como la que les cuento en tanto suceso...